México en Moto

¡Comparte lo bueno!

Las aventuras en moto no están acotadas a los grandes viajes, sin embargo, está al alcance de cualquiera que se anime viajar con lo mínimo de equipaje, apagar el Discovery Channel, alejarse de casa y conocer el mundo más allá de sus narices. Debo reconocer que yo no soy una gran fans de las motos, no vivo pendiente a las revistas fashionistas para chicas motorizadas, no busco afiliarme a clubes; no me emocionan las carreteras llenas de curvas inverosímiles ni los grandes saltos de acrobacias, no sé nada de mecánica. Entré en el mundo de las dos ruedas por pura casualidad. En el 2010 en Palawan, Filipinas, en mi primera vuelta por el mundo, rentamos una Yamaha 250 para recorrer la isla. Aquello fue un viaje que entraría en el género de “Horror y Misterio”, bizarro e inolvidable. De alguna manera me quedé enganchada. En el 2011 acariciaba la idea de adquirir la Honda deportiva CMX 250 negra-silverada, atrevida, manejable y con un toque femenino, y casi a punto de decidirme, suponía ser demasiada peligrosa para andar por la ciudad e impráctica para dos. Apareció entonces una moto de gran cilindrada que escapaba completamente a mi compresión y que entrañaba un proyecto más ambicioso: recorrer el mundo en moto.

Para los que se preguntan que se siente viajar en moto, mi respuesta es libertad. Ante todo entre el conductor y la moto se crea un vínculo estrecho, casi intimo…Cuando eres consciente de tu destreza, habilidades y límites, la moto se convierte en la extensión de ti mismo. Una vez en carretera esa sensación de libertad fluye y se eleva a la máxima expresión. “La moto es el antídoto de conductores impacientes”… palabras textuales de mi Comandante. Aclaro, yo viajo en calidad de pasajera, cronista, acompañante, contrapeso y/o conductora emergente. En mi experiencia de pasajera he aprendido dos cosas, que el pasajero ideal es aquel “que no se siente” e intenta mantener el mismo centro de gravedad con el conductor hasta formar un sólo conjunto en las rectas, inclinaciones de las curvas y maniobras. Al principio es difícil dejarse llevar pero se consigue con la práctica.

Mazatlán fue el punto de partida de nuestra aventura México en Moto 2013. En el trayecto hasta Durango se rompió el hielo, confieso nos rompimos también el trasero, pero bien dice el proverbio la práctica hace al maestro. En la medida que avanzábamos la adrenalina superó el miedo. El casco nos susurró los primeros kilómetros y como avispas endiabladas, sorteamos el tráfico, oliendo a cada paso los restaurantes, las gasolineras, los escapes de los autos, sintiendo el calor resecando los labios y el sol ametrallando los cascos. Al llegar a la autopista todo cambió. Es increíble la nitidez con la que se percibe cada infinitesimal detalle del asfalto, los colores de las copas de los árboles, la grava gris de la cuneta, la yerba seca. Se escucha diferente el viento y los sonidos de las cigarras. Se ve a la gente pasar lento, viviendo lánguidamente sus vidas y como una película, retazos de su existencia pasan por delante de tus ojos.



En cada curva, se siente una inefable sensación de libertad que recorre el cuerpo entero, la adrenalina como el aguijón de un escorpión, te rezuma el veneno y te aviva a seguir adelante. Cada ruta tiene una aroma diferente. Ningún tramo es igual a otro. Solo existen la carretera y tu. Los problemas, las preocupaciones se pierden en cada curva como ligeras serpentinas empujadas por el viento. En cada vuelta de rueda uno se siente más completo, más seguro de sí mismo, sin querer te convierte en motorista.

También hay que contar con los caprichos de Madre Naturaleza, sobre todo en zonas montañosas donde la neblina te empaña el visor y el frío se cuela por el chaleco y sientes como se te entumecen los hombros. Cuando estallan esas nubes densas y empieza a llover sin parar y empapan hasta el último resquicio del alma o cuando vas por ciertos tramos y ves un montón de mariposas y piensas -Wow, mariposas! y un segundo después, se han convertido en mari-Plop-sas y las tienes apachurradas en el casco.

Sin embargo, les puedo asegurar que la aventura en moto no es sola una de las manera más intensas de viajar sino también muy romántica, incluso, terapéutica, sobre todo viajando en moto compartida (OjO, a las parejas, aquí les dejo los tips). Primeramente, viajar en moto compartida es lo mas parecido a un matrimonio, para que la unión llegue a buen fin y sea duradera, hay que aprender a negociar y respetar los espacios.

Segundo, en moto una moto compartida NUNCA hay espacio para la incomprensión.Tras horas de viaje, de repente tu pareja, ósea, tu conductor, invade tu espacio, pone su trasero en tu piernas, se reclina hacia atrás y te manda a parar a la parrilla, y siempre y digo siempre, cedes sin rechistar, porque sabes que “se trata de pelotas” ( en baches, bajadas o curvas sinuosas el pasajero amortigua con el cuerpo del conductor en cambio, el conductor las “lleva” comprimida al tanque). !Y que me dicen de los besos de Newton!. Esos momentos en los que en un cambio brusco o un frenazo, la inercia te empuja hacia atrás, la desaceleración hacia adelante y ambos cascos se encuentra y amorosamente colisionan. En ese momento espabilas, pero espabilas!!!

La mejor terapia para enriquecer la comunicación es viajar en moto compartida. ¡Imagínense cuántos paisajes se encuentran de paso! Y mientras ruedas y ruedas por horas, tiene a través de tu visor un 180 en 3D, en frente tuyo esa gigantesca pantalla que es la naturaleza que te regala panorámicas inauditas y claro el primer impulso es comentar. No lo haces, porque la marcha tiene que seguir y es importante que el conductor esté concentrado. Después de cuatros o cinco horas de viaje, moviendo la cabeza como un ventilador sin poder decir palabra, cuando se arriba al fin al destino las palabras fluyen a raudales, al punto que visto desde afuera cualquier juraría que son recién casados. Claro que el tema se pone peliagudo si ambos son cotorrones. Mi consejo es hablar por turno, o como hacemos nosotros, que mientras uno habla el otro escribe 😉

El roce constante que se tiene en una moto compartida condiciona el subconsciente, !se lo digo yo! e influye sobremanera en el lenguaje. Verán. Llegamos a una gasolinera en las afueras del municipio San Luis Potosí con un frío que nos hacía titiritar. Me bajo de la moto y un señor potosino de uno 50 años, con el rostro labrado por las arrugas y curtido por el sol, nos hace la señal de avanzar con una sonrisa de lado a lado, ya saben lo afable que es la gente de campo. Una vez abierto el tanque se pone manos a la obra. Inmediatamente, empieza el dialogo entre Miguel y yo, el típico diálogo de gasolinera.
“-¿Todo bien?- Que todo bien, en el moto-lenguaje( al menos en el nuestro) significa, ¿tu trasero aguanta un poco más?”
“-Si, todo bien.- Seguido de un movimiento de cabeza.” Que traducido sería, ya estoy entumida, aguanto a lo sumo una hora.
El señor al escuchar tan animada plática y verme frotando las manos, agrega “-¿Vienen de Zacatecas? !Ahí, si hace frió verdad…! -Sonríe.” Yo asentí con la cabeza y Miguel sin “más allá ni más acá”, con una sencillez y una ingenuidad de risa, como si todos pudiéramos leerle la mente, dispara, “-¡Lo bueno es que tus piernas me dan calor!”.
!Plop! Trágame tierra! Creo que el señor se puso morado…Obvio se refería al calor de los cuerpos, pero como digo, la atmósfera que se crea en una moto compartida actúa de manera misteriosa.

No queda más que animarlos a viajar, a ponerse como metas los destinos que han soñado conocer, no importa en que medio sea, moto, bus, bici, avión…conocer gente, lugares, costumbres, tradiciones nos abre la mente. Hay muchas formas de conocer el mundo, es cuestión de proponerselo y como esta vez me ha tocado a mí viajar por ustedes, haré lo mejor posible para hacerlos viajar a través de mis ojos sin omitir detalle de nuestras moto-aventuras.

Besitos!!!
Niu

¡Comparte lo bueno!
Loading Facebook Comments ...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *