Hacia las Tierras de Brujos, Shamanes y Hechiceros

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Pasamos por San Luis Potosí, Querétaro y Pachuca como un golpe de viento. ¡Qué ganas de llegar a la tierra caliente! ¡De rehuir del frío y la llovizna caprichosa que por estos meses azota los estados de la altiplanicie!. La belleza arquitectónica de Zacatecas pone el listón muy alto.

Entonces al llegar a San Luis Potosí tropiezas con un estilo que va del neoclásico al barroco, con colores sobrios y fachadas austeras. El primer impulso es compararlas entre sí, pero se cae en el error de juzgar a San Luis Potosí sin encontrarle su particular encanto, un encanto que claramente se sustenta en la combinación de lo nativo con lo hispánico, sumado a esa profusa religiosidad- cuya mayor manifestación es la Procesión del silencio– que le confiere a sus monumentos un toque suntuoso, pero al mismo tiempo, le da a su capital un aire conservadora y a mi entender provincial.

 

!Al fin en la tierra que vio nacer a mi amiga querida! Y habiendo probado de sus manos, deliciosos platos preparados con la virtuosa sazón potosina, sin perder tiempo, dirigimos nuestra atención a la gastronomía, olvidándonos del arte de las «buenas maneras» a la hora de pedir más de un platillo y de las rigurosas exigencias de la dieta. Las enchiladas, el plato huasteco, los tamales de chilpan, las bocoles, las tortillas hechas a manos, la moronga, entre muchos otros. !Incontables los manjares regionales!

Al fijar los ojos en el mapa Catemaco fulguraba con luces intermitentes, así que a la manana siguiente con las alas de Mercurio y el tiempo a nuestro favor avanzamos hasta Pachuca, tal vez, movidos por el deseo de sentir nuevamente los rayos del sol, de envolvernos en el calor caribeño rodeados de ese paisaje siempre verde de ensueño; tal vez, empujados por una fuerza mayor: la atracción de brujos, chamanes y hechiceros.

En Pachuca, !que frío! motivo más que suficiente para no pensar en otra cosa que en buscar la salida. La ciudad también tiene su atractivo aunque no cuenta con edificaciones tan espectaculares como en Zacatecas, Guanajuato o Taxco. La «Bella Airosa» también supo del auge de la minería y de esa época de apogeo comercial y de desarrollo urbano quedan vestigios en algunas de sus edificaciones de estilo churrigueresco y colonial. Sin duda, uno de los lugares de mayor interés es la Plaza de la Independencia, en pleno centro, coronada con un reloj de 40 metros de altura construido de cantera blanca y ornamentado con figuras femeninas en mármol de Carrara que representan la Libertad, la Independencia, la Reforma y la Constitución. A la mañana siguiente, tras un suculento mixiote volvimos a la marcha. Lamentamos dejar atrás la zona arqueológica de Tollán, ubicada a 88 km de la ciudad, sede de la cultura tolteca alrededor del 900 d.c.

¡Olé Catemaco! de Pachuca a Catemaco, ¡sí, suena de locos! 500 km en moto duele, el cuerpo habla, grita, se rebela… pero a veces la sed de aventura es tan fuerte que es capaz de sojuzgar el cuerpo. Así pues, por 9 horas sin pausa echamos a rodar. En el trayecto nos deleitamos con esa inimaginable exuberancia y diversidad de paisaje que solo este maravilloso país puede ofrecer: tramos con vegetación semi desértica, llanuras y mesquitales; bosques con pinos rozando las nubes. Atravesando la cordillera de la Sierra Madre, la naturaleza te presenta una paleta de verdes indescriptible, colinas tapizadas de variadas trepadoras que enroscadas entre las copas de los árboles caen como cortinas creando en la espesura figuras fantasiosas, y como si fuera poco para refrendar su belleza, coronada con hermosas margaritas, campanillas moradas, crisantemos silvestres, quelites entre otras. Tramos con sendos cañones y picos montañosos. Al ingresar al estado de Veracruz, de inmediato, salta a vista la prodigalidad y fertilidad de esas tierras: a pie de la carretera nace el plátano, el naranjo, el limón; crece el mango, la caña, la papaya, el ciruelo… entre el caserío, el paisaje es mucho más pintoresco, de repente, como salidos de una historieta, ves una decena de cochinitos sueltos escarbando en el pasto, una tropa de gallinas como alocadas volándose un bardal, a un pavo real, impertérrito y con su santa parsimonia, caminar a orilla de la carretera…!Qué locura! podía escuchar el Chan Chan de Compay Segundo y la suave melodía de la Guantanamera. El olor de la hierba mojada, los cañaverales y los soberbios penachos de la palma real me transportaron a los campos Cuba: mismo paraíso tropical cuyos colores y olores te activan los sentidos, cuyo calor de invade, te sofoca, te oprime, te hace sentir que estás en su territorio.

Curiosamente, en el trayecto, tuvimos de lo bueno y de malo. Hay un refrán que dice que «aquel que no quiere caldo, se le dan tres taza» y tal cual… poco antes de llegar a Catemaco, en uno de los tramos más exquisito de la costa atlántica en las inmediaciones de Alvarado, no vino encima, lluvia, truenos y centellas y para completar se unió la noche, retrasando el viaje de por sí lento y peligroso, repleto de subidas, topes, curvas sinuosas y baches tan profundos como lagunas.(continuará…)

Besitosss!!!
Niu

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