El Tumulto

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Finalmente llegamos a Cộng hòa xã hội chủ nghĩa Việt Nam …uff repito, República popular de Vietnam, pero antes de empezar con mi relato, les aconsejo que se pongan cómodos y se relajen, y  si al terminarlo sienten la necesidad de dedicarnos una plegaria, sepan que será bienvenida.

La última velada en el restaurante Lao- Japonés de Luang Prabang nos divertimos a la par de un grupo de japoneses sesentañeros que en su alborozo conquistaron el piso superior del restaurante. Cuando entramos, por alguna extraña razón (tal vez por alegres o por borrachos) nuestra presencia acaparó su atención. Desde el momento en que nos sentamos no dejaron de mirarnos y un minuto después la japonesa que los acompañaba, que al parecer era la guía, decidió romper el hielo y se dirigió a nuestra mesa a entablar conversación. Poco a poco se fueron parando los integrantes del grupo, pidiéndome permiso para hacerse una foto conmigo.!Los cabellos rizos es Asia son una sensación!

Llegamos al aeropuerto de Luang Prabang para tomar el vuelo a Hanoi y como no había nada mejor que hacer nos quedamos sentados bajo el  toldo de la entrada en el área de fumadores. Un poco después vimos llegar al grupo de mosqueteros alegres y como son las casualidades, también se dirigían a Hanoi. Los fumadores se quedaron con nosotros y los que por timidez no habían tenido oportunidad de retratarnos, aprovecharon el momento.

En la sala de abordar vimos como las nubes se teñían de gris oscuro y negro, lo cual predecía un vuelo turbulento, pero el entusiasmo del grupo era una buena señal que al menos el viaje sería divertido.

El avión se tambaleó en la arrancada, se sintieron dos o tres sacudidas bruscas hasta que en fin despegó. La lluvia y el mal tiempo fueron como una anestesia, nadie habló hasta que aterrizamos. Cuando nos montamos en el bus que nos condujo al aeropuerto, la japonesa me entregó un hermoso presente de parte del grupo, una Flor de Sakura (cerezo). Me pidió que la conservara hasta llegar a Osaka y que entendería un poco más de sus significados al llegar a Japón. Según su explicación, el significado del la flor está relacionado a los hechos de Hiroshima y al mismo tiempo representa la belleza y el eterno esplendor. La delicadeza de la flor hace que el viento la haga caer enseguida, pero la belleza es tal, que al caer en su plenitud, no da tiempo a verla marchitar. Nos despedimos del grupo al pasar inmigración y los seguimos con la mirada mientras se dirigían entre risas y Jai Jai a la sala de embarque del vuelo a Osaka.

Cuando puse un pie en la salida me sentía como una cereza.

Un taxi del hotel vino a recogernos y sin haber tomado siquiera una bocanada de aire, de súbito,  nos vimos en medio de la vorágine del tráfico. Nos quedamos atónitos al ver tantas motocicletas. Los esfuerzos del taxista de esquivar las motos y acelerar en los tramos libres fueron en vano. Desde la ventanilla del taxi podía sentir el aliento de los pilotos y cuando miraba hacia adelante me horrorizaba, tenía la sensación de estar en un parque de atracciones, solo que no sentía ningún golpe, a veces cerraba los ojos al ver que a décimas de milímetros sorteábamos un transeúnte u otro ciclo. Para colmo, teníamos un prepotente detrás que conducía una camioneta negra que con insistencia hacía parpadear la luz y pitaba como una ambulancia. Por el estrés y un impulso que no pude contener saqué la mano por la ventanilla y le mostré el dedo Fuck you! pero eso lo irritó aún más. El taxista tuvo que hacerse a un lado y permaneció en el carril lento hasta que la camioneta desapareció. Estábamos a las puertas del corazón de Hanói, lo visto era solo un preludio.

Llegamos cuando empezaba oscurecer. El taxi entró en la ciudad vieja, esquivó el caudal de motocicletas y la multitud que se movía como un hormiguero hasta que se detuvo en el hotel. Llegué sin aliento, con el mismo calambre en el estomago que me provocan los descensos momentáneos de los aviones. Al salir del taxi me sentía bloqueada, atolondrada por las luces y las banderas rojas.

Entramos a la habitación. La única información certera del Hotel Liberty, además del precio era la ubicación. La presentación de las habitaciones en el anuncio, estaba hecha con fotoshop o robadas de alguna web, pero eso no nos tomó de sorpresa. Sabíamos de antemano por los comentarios de los viajeros, la manía pro capitalista vietnamita de nombrar los establecimientos con adjetivos altisonantes y absurdos.  El hotel no era mejor ni peor de los que estaban a la vuelta. El Hotel de Plata Hanoi, Hotel exquisito de Oro, Bello Hotel boutique, Hotel Paraíso Exclusivo ( e chi piú ne ha piú ne metta) que vimos desde el taxi y con los cuales nos habíamos comunicado antes de llegar, confirmaron lo que ya sabíamos, que la mayoría publicaba fotos al estilo Hotel Peninsular para cobrar el doble y no eran mas que hostales sencillos rodeados de changarros de comida ambulante y bullicio,  y claramente, la competencia en Hanói es muy fuerte y el Liberty seguía el mismo rumbo.

Dejamos las maletas y fuimos a comer. A pocas cuadras encontramos varios hoteles bla bla bla… y nos detuvimos a preguntar para salir de dudas, pero todos los de la zona ofrecían lo mismo, algunos hasta cobraban más caro, sin agregar ningún valor. !Arriba, la mercadotecnia socialista! Estamos impresionados.

El hotel era mi menor preocupación, el problema era que no sabía como caminar entre millares de motos que se movían en todas direcciones. Pero lo dicho no refleja con justicia la congestión. Les explico. La densidad del tráfico es comparable a la marcha del 1ro de mayo en la Plaza de la Revolución, a la celebración del Grito el 16 de septiembre o a la procesión del Día de Muertos.

El gentío era parte de nuestro asombro pero lo que nos sorprendió más, lo que nos dejó boquiabiertos fue ver, como un gigantesco tumulto que se encontraba en una esquina se le cruzaba a otro del mismo volumen y densidad y como ambos océanos de gente y vehículos se atravesaban y los vehículos, no reducían la civilizada velocidad que llevaban. Y  para completar el milagro circulatorio, los peatones cruzaban este enjambre con parsimonia, sin sobresaltos ni angustias.

Caminar por las calle de Hanói es imposible, están ocupadas por talleres de toda clase de oficio, desde zapateros remendones hasta mecánicos, carpinteros, marmolista de lápidas, costureros a los que se le unían señoras que preparaban comida, peluqueros, vendedores de fruta, de refresco, en fin venta de todo. Los pocos espacios que podrían quedar libres estaban ocupados por estacionamientos de motocicletas y bicicletas y la invasión de las aceras hizo que tuviéramos que caminar por la calzada y encomendar nuestra alma.

Esa noche caminamos hasta la laguna y cuando debíamos cruzar esperábamos que algún vietnamita se aventara y nos sirviera de protección. Al llegar nos sorprendió el espectáculo de luces, colores y música. La ciudad festejará en unas semanas 1000 años de fundación.

El tráfico alrededor de laguna era el máximo de la expresión, el enjambre que circulaba y la congestión eran gigantescos, era como si un inmenso ferry acodase en el muelle y abriera las rampas para dejar salir de golpe a los impacientes viajeros. El prodigio, era realzado por el hecho de que los cruces no provocaban en la gente ningún grito de advertencia o de enojo, todos se comportaban tan calmadamente y con tanta habilidad que misteriosamente se hacían paso sin muestra de enfado ni agradecimiento. Nunca había visto nada igual.

Regresamos al hotel a media noche, las calles secundarias estaban quietas y los puestos de ventas habían cerrado como por arte de magia, no obstante, caminamos con mucha precaución. Vimos a los barrenderos afanados en su tarea y es como costumbre aquí, cuando cierran los establecimientos, la gente extiende alfombras en el piso, saca una hornilla de carbón y se sientan como Budas en las aceras a platicar y beber hasta altas horas de la noche. Eran demasiadas emociones en un mismo día, creo que Hanói es el mejor modelo para peatones y conductores impacientes y en eso me incluyo.
un besote!

Niu

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