Catemaco: La Corte de los Milagros

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No hay duda que la oscuridad de la noche es la mejor aliada del misterio, aviva la fantasía, despierta la curiosidad, crea el clima idóneo que nos sumerge en una sugestiva búsqueda por lo esotérico y lo ignoto. Llegamos empapados. Bajo la luz fantasmagórica de los altares callejeros y el rumor de las olas estrellándose contra el muro, la ciudad tenía un aspecto espeluznante. En las calles ni un alma. Alrededor de la laguna, encontramos dos o tres anuncios maltrechos de habitaciones en renta. El hotel más moderno, a la salida del malecón, no tenía Wifi, al menos ese día no. Según la recepcionista en días normales la conexión “iba y venía” y bajo aquel aguacero era de suponer que siendo un travieso estuviera mojado (las cosas que hay que oír). Nos detuvimos en una vieja casona de madera de dos plantas, semi oscura, con la entrada inundada, en la penumbra de la recepción estaba sentado un chico enviando mensajes, se respiraba un vaho viciado e insaluble. Saludé, eché una ojeada y me abstuve de preguntar siquiera el precio. Tras un viaje de casi más de nueve horas, las rodillas me dolían como el infierno, empapada de pies a cabeza solo deseaba una cama limpia y una ducha caliente,¿era mucho pedir? Decepcionada, de encontrar un pueblo fantasmal y descolorido, con casa ajadas y calles descompuestas y como si fuera poco, a la meced de un huracán. Respiré profundo y con dolor en mi alma volví a encaramarme en la moto, me dejé caer sobre el asiento sintiendo el crujido de las rodillas y una aguda e indescriptible molestia en el coxis. Subimos por una callejuela y tomamos la avenida paralela al malecón donde se ubica la iglesia y la plaza central, el empobrecido y modesto Zócalo estaba en silencio. Volvimos a bajar por una callecita que por el declive el agua corría a raudales y justo en la esquina, sobre un changarro de pizza, se leía en un letrero con luz neón: Hotel del brujo. Al fin, ¡un milagro!

Sobre las diez de la mañana me asomé por el balcón, aún llovía. La laguna se veía impasible. Estábamos en frente a la estatua del Pescador -monumento erigido en honor a los pescadores de Catemaco- a pocos metros del embarcadero, y “para ponerle la tapa al pomo” en el epicentro de la pachanga, a un lado de la DiscoSalsa cuya clientela fiel esa noche corroboró que no se dejaba amedrentar ni por lluvias ni huracanes. Como no escampaba, bajé con los bultos para llevarlos a lavar. En la recepción estaba la Doña con una sonrisa de lado a lado y con unas prendas que me sorprendieron (un vestido rojo floreado de strech, corto y bien ceñido) y maquillada como un tucán. No nos entendimos. No logré que me explicara la dirección aproximada de la lavandería y no hay nada más frustrante que hablar el mismo idioma y no hacerse entender. Enseguida me di cuenta que en Catemaco es imperativo ajustarse a su concepto de “tiempo y espacio” y lo más importante es tener la mente abierta. Ahí, aquí, allí unido el advervio cerca puede significar cualquier cosa. Preguntas como: ¿dónde esta la lavandería Olay? la respuesta es “ahí cerca” ¿dónde está la isla de los mono? “allí, allí cerca” y si acto seguido, te apuntan con el dedo sin mirarte como un homo sapiens sapiens escapado de la isla, es como ver la luz al final del túnel. Claro que pasé el examen, por si se lo están preguntando.

Salí en busca de la lavandería que estaba “ahí cerca”, ósea frente a mis narices, a solo 10 cuadras, y conocí a medio Catemaco. Supe quién era quién en pueblo; precio de los terrenos; las zonas altas; el mejor brujo; el hechicero timador; el último escándalo de los obreros por estafa de la empresa CocaCola; el gringo que llegó con un sueño y terminó ahogado en la laguna; el viejo italiano de la pizzería que compró barato en el malecón con la esperanza de hacerse millonario y muchos chismes más, gran parte de la información la obtuve a través de la doña del restaurante Costa Azul donde comimos muy sabroso y satisfice el hambre y la curiosidad, el resto, con los pangueros que, en sus horas ociosas esperando clientes o durante el recorrido por las islas cuentan un montón de historias fantástica para impresionar a los visitantes. El mejor de todos fue el relato de la “víbora mata-changos”una víbora de agua muy furiosa que mató a mordiscos a la mayoría de los changos arañas y por ello en la actualidad solo quedan cuatro tristes parejas de su especie( la realidad es que ambos espécimen, el Mono Araña y el Chimpancé hace unos 15 años fueron trasladados a las islas para estudios y están al cuidado de las entidades locales). Los relatos son incontables, si no picas con una historia retoman otra, las más alucinantes son las guerras entre brujos y hechiceros, ahí dejan volar la imaginación, se emocionan, con tono grave y aire serio presumen del poder de este u otro chamán; de tal o más cual “trabajo”a este o aquel político o personaje de las altas esferas, algunos hasta se jactan de tener algún poder especial, uno de ellos me dijo, “¿Qué por la lluvia no sabe si ir a la isla…? ¡Doñita, aquí la lluvia la paramos! Zaazzz! Me tuve que morder el labio para no soltar la carcajada…pero no me reí, se lo toman muy en serio.

En una época tan convulsa los milagros están pasaditos de moda, pero créanme cuando les digo que Catemaco es otro mundo…¡escampó! Y no solo eso, salió sol. Nos montamos en una lancha con el mejor de los cuentistas, solo nos interesaba la Isla de los Monos pero al no poder contra la insistencia y la elocuencia de nuestro panguero-guía nos dejamos llevar. En la laguna hay muchísimos islotes (según unos doce) el recorrido es ameno y el paisaje maravilloso. Del embarcadero, se tiene una excelente panorámica al pueblo y a las nuevas ampliaciones. La primera parada es en El Tegal, un sitio venerado por los lugareños, allí al panguero le faltó poco en jalarme por los pelos, por suerte era panga de motor y no de remos, quería forzosamente que viera las huella de la Virgen, pero supongo que hay que verla con los ojos de la fe, yo no las vi y tampoco se me figuraron.

Luego hicimos una breve parada frente a la casa de uno de los magnates del pueblo enriquecido por el cultivo de tabaco (esa parada dentro del tour no la entendí), le seguía una parada en Nanciyaga, un área protegida (nosotros seguimos de largo pues había que pagar para entrar y ya de la laguna se veía lindo), luego alcanzamos la Isla de las Garzas, esa parada fue super breve, puesto que las “inches”garzas son como el internet del pueblo “van y vienen” cuando quieren y hacen lo que les parece y cuando llueve no las ves ni por asomo. Y como se imaginarán, lo bueno se queda siempre reservado para final, ¡la Isla de los Monos! Allí nos divertimos muchísimo con sus travesuras, poses y sus gestos de indiferencia. Fue talmente un golpe de suerte, pues según dice depende como estén de humor ese día de lo contrario se ocultan en el follaje y no se dejan ver, nosotros los agarramos de buenas, supongo que eso también fue un milagro.

De regreso pasamos por la lavandería, no si antes comprar unos deliciosos vasitos de ategogolos y estirar las piernas por el malecón. Había un maravilloso cielo despejado, como si algo o alguien hubiera corrido la cortina de nubes que impedía que penetraran los rayos del sol. Minutos antes que cielo se nublara totalmente, se extendía sobre la laguna una luz cálida y difusa. Antes del anochecer volvimos a nuestro restaurante habitual para saborear una rica mojarra acompañada de arroz, frijoles negros y tortillas pellizcadas. A la mañana siguiente antes que otra nube estallase y nos viniese encima el chaparrón nos pusimos en marcha.

Besitos!!

Niu

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P.D puntos que no se esclarecen en mi relato:
-Catemaco es mejor conocido como la cuna de la brujería, al mismo tiempo es un verdadero paraíso, son incontables los lugares de interés: Playa Espagoya, el famoso Salto de Eyipantla, la laguna de Nixtamalapan, el lago sobre el cráter de Pipil ( flor) entre otros…
-A pesar de ser bendecido con el cuerno de la abundancia, tierra fértil, abundante lluvia, pesca y un relevante auge turístico, la mayoría de la población es pobre (con excepción de los políticos) y muchos subsisten de apoyos gubernamentales.
-La medicina tradicional sigue siendo el recurso médico favorito para muchos en Los Tuxtlas. Todavía existen: los Culebreros, curadores de la mordedura de la serpiente.
Yerberos que toman ventaja de la producción medicinal de las plantas de Los Tuxtlas.
Hueseros, una forma de quiropráctico.
Las parteras se han convertido sobre todo en enfermeras profesionales (referencia e info http://www.mexicotravelclub.com/los-brujos-de-catemaco-en-catemaco-veracruz)
-El primer viernes de marzo, se celebra el Congreso anual internacional de Brujos.
-El fetiche del brujo o bruja es parte de la decoración de casa, restaurantes y negocios.
-Los souvenir son changos
– El producto turístico, las limpias, despojos, amarres y trabajos de brujería, hechicería y magia blanca.
-La gastronomía es una fusión de platos regionales con el Viejo Mundo y recetas incorporadas a partir del siglo XVI con la camada de negros esclavos que dio lugar a una gastronomía rica y variada, la abundancia de peces lacustres como la mojarra y los ategogolos (caracoles de la laguna) son el plato típico, además de plátanos a puñetazo, plátanos fritos, la yuca, topotes, las tortillas pellizcadas entre otros.

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