Valparaíso: de los cerros al mar

 

“¿Cuántas escaleras? ¿Cuántos pies en los peldaños?

 Si caminamos todas las escaleras del Valparaíso, habríamos dado la vuelta al mundo.” 

                    Pablo Neruda 

Valparaíso es una ciudad portuaria ubicada de cara al mar,  a dos horas de Santiago. En la actualidad es el principal puerto de contenedores y pasajeros de Chile y uno de los puertos con mayor actividad en Sudamérica. Sin embargo, Valparaíso, no es una ciudad como cualquier otra, se presenta como un anfiteatro natural, y toda la ciudad pareciera que resbala de los cerros al Mar. Considerada Capital cultural de Chile, en el 2003 fue declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad. La ciudad tiene un toque particular, en primer lugar destaca por sus construcciones coloniales, por su arquitectura francesa, inglesa, alemana que se mezclan con la diversidad ingeniosa de sus habitantes. Por otro lado se distingue por sus cerros. Y al ser una urbe ubicada en medio de cerros y quebradas, el ingenio de sus pobladores ha hecho de la comunicación terrestre otro atractivo. Aquí, circular por la ciudad implica pasar por escaleras, callejones, miradores y ascensores, que hacen de Valparaíso dueña de una gran belleza.  Son numerosos los cerros e incontables las escaleras.

La ciudad posee escaleras de todo tipo y para todos los gustos. Están las empinadas, las cortas, las largas, las que se cruzan, las que se topan, las que no conducen a ningún lugar. Las hay de concreto, de ladrillos, de tierra y de madera, con y sin baranda. Las hay con musgo, peligrosas, famosas y desconocidas. No hay cerro del puerto que no cuente con una, son parte esencial de la arquitectura, del diseño y de la vida misma de su gente. Se calcula que la ciudad cuenta con 42 cerros y eso la hace  realmente espectacular ya que sus panorámicas son  increíbles, de cualquier punto de sus pliegues la ciudad se contempla a si misma.

Aprovechamos al máximo nuestra breve estancia. Visitamos los lugares de  interés y la ciudad de Villa del Mar a media hora de Valparaíso. Villa de Mar me pareció, monótona, bulliciosa y demasiado turística por sus playas, sin embargo, limpia, sin esos olores perturbadores y desagradables que se siente al caminar por Valparaíso, de hecho, en Valparaíso en la medida que uno se aleja de las áreas turísticas se advierte de inmediato el abandono, la suciedad y la necesidad de darle más atención a las zonas aledañas del centro que también están repletas de edificaciones coloniales magníficas, pero empobrecidas, ya sea por el descuido de sus habitantes que por la inclemencia de los sismos que con frecuencia causan estragos.

En Valparaíso como en todo Chile, es común encontrarse perros vagos en cada esquina a la merced de la generosidad de los transeúntes y de lo que puedan encontrar en los latones de basura. Generalmente cerca de los restaurantes o de los hoteles turísticos. Me he dado cuenta que son más los anuncios de perros extraviados, perritos como yo les llamo “afortunados” con dueños con un corazón enorme y que se preocupan. Habrá que esperar a que los chilenos hagan conciencia de este fenómeno.

Les sigo narrando las estancia en Punta Arenas en el próximo post!! Un besoteee!!!! 

 

 

 

 

D.F (Definitivamente Fantástico)

Después de un año estamos de vuelta en Chilangolandia y ya se la huelen…hay viaje! Vamos rumbo a Brasil y como siempre hay algún trámite por hacer, aventuras y algo que contar.

Me voy a ahorrar el relato del consulado para no inquietarlos, porque como mucho ya saben, en los países tercermundistas la manera de crear valor en cuanto trámites se refiere es: poner mala cara, hacer la vida difícil y cobrar un chingo (mis disculpa a los lectores remilgados) La verdad, no sé porque me enfado, cuando el meollo de la cuestión es el “sistema”. El trámite se hace en línea, la copia se entrega personalmente-¿qué importa en fin la Amazonia?-  te hacen esperar 7 días y al final, la otorgan sin más preguntas. Por suerte, no solo tenemos la visa sino también la gracia de estar en una gran ciudad que tiene mucho que ofrecer y el tiempo vuela.

En este plácido nido de la Col. Cuauhtémoc hemos pasado la semana, el hotel está ubicado a 100 metros de la Reforma a pocas cuadras de la Zona Rosa…exactamente en esq. Tiber y Lerma y no se imaginan, las noches que he soñado que estos dos ríos gigantescos, de golpe, inundan el tráfico y acallen los silbatos. Sí, empiezo a extrañar los gallos del vecino, los motorizados, ese mentado remanso de Paz: “El otro México”. El D.F como todas las grandes metrópolis nunca duerme y por estos días, con las celebraciones y manifestaciones la Reforma  está imposible. 

                      

 El espíritu navideño se respira en la capital y mientras algunos están inmerso en las celebraciones decembrinas, otros salen a manifestarse. Hace unos pocos días, los Chiapanecos se manifestaron a favor de los presos políticos; en la Reforma está el el plantón de los OCCUPY,

 Los ecologistas por su parte, en su intento de concienciar a las masas sobre la catástrofe ambiental (que no noté que eran unos pocos) se posicionaron en el Ángel de la Independencia.

y en fin, está los que no salen a calle, pero de una manera u otra, expresan su descontento.

 

 Por otro lado, las dos compañías en constante pugna, prometen llenarnos de magia…
y como si eso no bastara, nuestro querido Papá Noel ahora encarna una enorme gaseosa y en el Zócalo un árbol de navidad de 50 metros de altura encumbra el tricolor de la pepsi… pero para qué calentarse, siempre se puede mirar a otro lado… El Museo Soumaya, por ejemplo.

¿Quién puede negar que este museo es una obra filantrópica pensada Por y Para el bien del pueblo? A caballo regalado, no hay que mirarle el diente… hay obras excelentes, vale la pena visitarlo.

Nos quedan solo unas pocas horas en la ciudad, en la madrugada volamos a Manaus…¡Oi! Brasil.

Reciban un abrazo fuerte fuerte,

Niu

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