Camino a Lao

Nos refugiamos estos últimos tres días en una tranquila hacienda de campo junto a una familia tailandesa en Chiang Dao, una pequeña aldea en las afueras de Chiang Mai. Allí respiramos el aire puro del bosque y degustamos de la sabrosa comida regional. Nos recreamos con los paseos por el bosques, los campos de elefantes y las fabulosas excursiones por las aldeas recónditas en las montañas.

La primera visita fue a la Cueva del Buda.

Una impresionante y legendaria montaña, la segunda más altas del país, donde a través de una cueva se puede acceder al sitio donde descansa un Buda al pie de un arroyo.

De Cueva del Buda

Este Buda tiene una posición más incómoda que los demás y a diferencia de los que hemos visitado en los templos, éste demanda altas “donaciones involuntarias”. Ah, mis queridos Thais! hay que ver como a veces se pasan de listos con los faragnes…

Al día siguiente recorrimos los divertidos campos de elefantes, donde yo no me cansaba de mirarlos y admirarlos! con sus grandisimas patotas, tan gigantescos y con esa mirada tan tierna.

Para cubrir nuestro recorrido por el norte, ayer salimos temprano y después de varias horas de viaje llegamos a la ciudad de Tha tong que tiene frontera con Myanmar y fue muy grata la excursión. El río Ping que separa ambos países es simplemente maravilloso,

fascinante como la decoración de los templos de monjes budista de la región.

Y claro no podían faltar los Budas gigantescos. Tres Budas colosales custodian la ciudad desde las colinas.

Por cierto, este que ven aquí no tiene barba, es el milagro de millares de avispas divinas. Vaya listas que son! Hasta yo cuando lo vi, lo confundí con el Barba de la isla…

Addio Tailandia!

En unas horas volamos a Lao y apenas tendremos tiempo de despedirnos de Chiang Mai, pero no me entristece, este país tiene tanto que ofrecer que nos hemos quedado con ganas de regresar, pero no
“tomollo”…je je Algún día!

Un abrazoteeeeeee,

Niu

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Thai Disneylandia…?

Esta pequeña Karen posó ante nuestras cámaras tratando de lucir su mejor sonrisa. Cuando la cámara se detuvo la niña nos hizo un gesto con la mano indicándonos las baratijas que estaban sobre la mesa, como si para nosotros hubieran pasado desapercibidas. Observar su atuendo es alucinante, pero creer que ese asomo inerte en sus labios es una sonrisa, es más bien surrealista.

Una mezcla de vergüenza y compasión fue lo sentimos durante la visita al campamento de Mae Taeng, donde residen una muestra de las siete tribus -o dicho a la estilo de la publicidad- un Siete en uno. Lisus, Ahkas, Karen, Meo, todo un espectáculo situado en una de las exuberantes colinas de Chiang Dao. Este campamento es muy parecido al que conocimos en Myanmar solo que aderezado a la manera Thai, con jardines, palapas, cascadas y el típico masaje tailandés: sonrisas.

A primera vista, da la impresión que llevan una vida desahogada y placentera pero en el fondo sabemos que las Karen no tienen ni elección ni derechos. Son las esclavas de una empresa particular que cobra 500 baht por la entrada y que para su “seguridad” les tienen prohibido andar en la calle, irse de compras y mandar a sus hijos a la escuela, y lo más deplorable es que estos niños nacidos en tierras tailandesas, tampoco son reconocidos por el gobierno.

Y es admirable ver,  como aun en su condición, esclavizadas por las hostigantes luces del flash y explotadas como un producto turístico-del que se beneficia el gobierno y lo que trabajan en el sector- luchan por mantener su identidad y se esfuerzan por regalarnos una sonrisa, sonrisa que nos hacía sentir obligados a comprarles algo, pero al fin sabíamos que no tenían opción.

De las siete tribus de mujeres, las Karen son las más perjudicadas. Su estilo de vida tribal y tradicionalista les impide integrarse a la sociedad, aunque tampoco la sociedad las acepta (hay que ver cuán clasista son los tailandeses) sin embargo, estos pesados anillos que la han marginalizado le dan ahora “ventaja” y “privilegios” sobre el resto del grupo, puesto que se han convertido en las mujeres más aclamadas por los visitantes.

Esta por ejemplo es una Lisu, pero no una Lisu cualquiera. Tiene un puesto de venta en la entrada del campamento. Cuando llegamos nos habló es un perfecto ingles animándonos a que les compráramos algo. Una media hora después supimos que era la hija de un comerciante, él mismo que nos obligó a escapar cuando lo vimos llegar con 10  4×4 repleto de israelíes y que luego platicando, le propuso a Miguel hacer negocios en México con las artesanías de las tribus.

Lo único que les queda a las Karen es el amargo recuerdo de su pasado, saben que no hay expectativas de futuro. Su tenacidad es sorprendente, la prueba de lo fuerte que puede ser el instinto de conservación que por décadas las ha convertido en actrices silentes de un show donde ellas son las que menos se divierten.

Estas son imágenes de un encuentro inolvidable pero poco placentero, ya que estos retratos fueron más bien como apretar el gatillo y hundirlas más en la degradación de su penosa existencia.

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Ruam Mit

Salimos de Mae Sai y tomamos la autopista rumbo al suroeste, pero como los caminos secundarios estaban incomunicados por las lluvias decidimos ir al poblado de Ruam mit donde reside un grupo de Ahkas y muy cerca están los campos de elefantes.

Esa noche, hubiera sido más fácil quedarnos a dormir en la aldea, para al día siguiente atravesar a pie las montañas y visitar el campamento de un pequeño grupo de Karen,  pero no había hospedaje en las cercanías y las lluvias tampoco nos dieron tregua, así que decidimos divertirnos a la grande y hacer travesuras turísticas.

Les dejo las fotos,

Un besoteee!
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Triángulo de Oro

El 11 de septiembre volamos de Bangkok a Chiang Mai, la ciudad más grande e importante del norte de Tailandia. Tres días fueron suficientes para recorrer el centro que aunque es muy atractivo y relax carece del lustre y del aire cosmopolita de Bangkok. El glamour se concentra en dos avenidas principales, una donde montan el mercadillo del domingo y venden comida y artesanías y la otra, una avenida de bares y restaurantes donde en la aceras ofrecen una amplia variedad de masajes, desde el Thai massage sin fines voluptuosos hasta los relajantes, pero bueno eso ya lo saben. En chiang Mai nos organizamos para tomar la ruta del Triángulo de Oro en el extremo norte del país, la zona donde Tailandia hace frontera con Myanmar y Lao. El objetivo principal era seguir las huellas de las Karen, las mujeres de cuello de jirafa.

Pero no hay aventura sin tropiezos. La primera noche hubiéramos querido pernoctar en el remoto pueblo de Chiang Khong que tiene frontera con Lao, pero después de recorrer 200 kilómetros una llanta delantera se reventó y nos dejó tirados en un pueblo olvidado de Buda y de los hombres. La amabilidad de los aldeanos no se hizo esperar, un matrimonio de las cercanía nos auxilió, pero la llanta extra tampoco funcionó y esa noche pernoctamos en el pueblo. A la mañana siguiente, bajo la lluvia, salimos en busca de una llantera con la esperanza de encontrar algún Thai que además de reírse dominara la mímica universal y créanme, no fue ni fácil ni divertido. En la única calle transitable encontramos una llantera y después de hacer malabares y hacer divertir a grupo de chicos a costa nuestra, pudimos solucionar el problema. Los Thai pueblerinos se ríen de los faragnes (extranjeros) y nos ven como los raros, pero creo que en el fondo es un sentimiento recíproco.

Esa noche, dormimos en el pueblo de Chiang Saen frente al río Mekong, bajo la protección de un Buda gigante.

Y mientras en el pueblo pasada las 8.00 pm recogía los tenderetes para irse a dormir, en Lao empezaba la diversión y desde nuestra habitación nos consumíamos de envidia escuchando la algarabía.

Al mediodía llegamos a la frontera de Myanmar, listo para entrar en acción.

Como nos quedaban pocas horas de luz y antes de bajar el sol debíamos estar de vuelta en Tailandia, lo primero que hicimos fue rentar una habitación. Sabíamos que debido a la marginalización por parte del gobierno burmés las mayor concentración de las Karen estaba esparcida en la frontera de Tailandia, pero habíamos escuchado que en Myanmar residía un pequeño grupo y sin dudarlo nos fuimos al encuentro. Pero no tuvimos que buscar, las karen estaban más cerca de lo que nos imaginábamos.
Cuando el tuk tuk nos dejó en la entrada de un parque a unos 2 km de la frontera, pensamos que nos estaba tomando el pelo, lo que teníamos delante no era campamento autóctono de mujeres libres sino un Zoo humano donde se requería comprar un ticket para ver “animalitos” exóticos.

Ver para creer. Después de décadas de persecución y represión el gobierno se había dado cuenta que ambos espécimen ( ahkas y Karen) eran un atractivo para los faragnes y como buenos comunistas reagruparon en el parque a varios ejemplares de cada tribu.

Esta es una Akha.

El atuendo es muy diferente al que usan las Karen. Las Karen llevan el cuello cinco kilos de anillos de metal y tres kilos alrededor de las piernas.

Los anillos los usan con fines estéticos y a partir de los 5 años los empiezan a llevar. En el parque tienen sus casas humildes y los talleres de artesanía donde elaboran figuras, collares y gorros. ¡Qué tristeza!

Entre Myanmar y Tailandia hay una diferencia abismal. La ciudad parece que ha acabado de salir de la tercera guerra mundial. Los templos sucios, descoloridos y abandonados; las calles enlodadas y llenas de basura y repleta de chicos que a solo 100 metros del Check point se dedican al mercado negro. Ofrecen desde el opio, malboros, indígenas que chicas, aunque era de esperar ya que no es una casualidad que se nombre Triángulo de Oro.

Esa tarde sobre las 5 regresamos al hotelito y en la mañana partimos hacia las montañas. El recorrido por los campos y el encuentro con los indígenas y las Akhas refugiadas no fue mucho más alentador.

Les dejo las fotos de Myanmar.
Un abrazo fuerte,

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Niu

El País de la Sonrisa

Después de escapar de Mumbai espantados de tanta miseria y atropellados por la ineptitud de los militares en el aeropuerto, arribar a Bangkok fue un alivio y nada mejor que una sonrisa después de un vuelo con turbulencias y a punto de desfallecer.

En Bangkok tuvimos tiempo de descansar y recuperarnos. Los dos llegamos enfermos de Mumbai, uno con influenza y el otro con problemas estomacales, pero ya superamos la venganza del curry y gracias a la nutritiva y suculenta comida tailandesa ahora nos sentimos con fuerza para continuar.

La primera impresión cuando uno llega a Bangkok es la de estar en una ciudad europea, todo limpio, ordenado y moderno. Recorriendo la ciudad trataba de imaginarme cómo era 50 atrás para ganarse el título de Venecia de Oriente. Y es difícil reconstruir el pasado de la moderna Bangkok con esos horizontes cuajados de rascacielos; con ese tráfico agobiante pero por suerte silencioso que se estanca en cada semáforo y hace que hasta la carrera en los populares Tuk tuk se conviertan en un tedio.

Desde nuestra llegada, hemos sufrido la inclemencia del clima, un calor asfixiante y pegajoso que nos ha acompañado a todos los paseos, pero no ha sido un obstáculo para descubrir los lugares interesantes, y no tardé mucho en descubrir que no son los modernos centros (el gran Xianmall, Sukhumwit o el chinatown, etc.)lo que hace que uno se sienta fascinado por esta ciudad, son las redes de canales que aún quedan activas y que pese a la restructuración urbana siguen siendo el medio de transporte para conectar a los varios centros,

son las bombásticas pagodas de los templos que resplandecen bajo la luz del sol y eclipsan los pretenciosos e inexpresivos edificios.

Creo que es más bien, el modo de ser de los tailandeses, gente sencilla y respetuosa, siempre con una sonrisa en los labios. Son los olores. La ciudad te envuelve con sus exquisitos olores y aunque al principio se perciben fuerte como el calor, con el pasar de los días uno se acostumbra y empieza a apreciarlos.

Y nosotros estábamos aquí,  justo donde valía la pena estar, el piso 29 de uno de los rascacielos del River Sathorn, iluminados por las luces de la ciudad y con la vista al impetuoso y magnífico Chao Phraya.

El Chao Phraya es fascinante, es como un boleto al pasado, como un mar gigante atrapado en el tiempo repleto de barcos de todos tamaños y colores. En las orillas de este río estupendo se alojan casitas tradicionales, templos y grandísimos edificios modernos.

Si hubo algo que disfruté fue cruzar cada mañana el río para ir al centro o visitar los templos haciendo el recorrido con la lancha pública, sin necesidad de adentrarnos en la vorágine del tráfico. En Bangkok a mínimo 300 templos budista, nosotros visitamos los más importantes: el Wat Pho (Wat en thai significa templo), el Wat Arun, El Gran Palacio y el Goldenmount (Colina Dorada). El Gran Palacio, era la antigua residencia del rey. Un complejo fastuoso de templos y edificios construidos al estilo Thai  que rodean una torre en oro macizo.

La decoración de las figuras celestiales es impresionante. Cuatro son los íconos que predominan, la Tortuga, el Fenix, el Tigre y el Dragón. La Tortuga representa protección y respaldo, el Fénix, proyectos futuros, el Dragón la fuerza benigna de la Naturaleza y el Tigre la inteligencia y la fortuna. Los dragones con su bocaza abierta están ubicados casi siempre sobre los pasamanos y alrededor del los techos.

En el mismo complejo del Gran Palacio se encuentra el templo del Buda Esmeralda, un edificio también magnífico y este Buda como todos los demás tiene un cuento largo y una moraleja.

El Wat Pho estaba a pocas paradas de nuestro embarcadero y es otro de los templos que tiene una torre que se destaca en el horizonte cuando uno viaja por el Phraya y que funciona como escuela de enseñanza budista y residencia de los monjes.

Los templos están por doquier, al igual que los altares. Me di cuenta que es costumbre poner ofrendas de comida y frutas en la calle, pero lo mismo las encontrábamos en la entrada de una peluquería, sobre los postes de señalización que al lado de un Nichtclub de ladyboys. Pero si hubo algo que no dejó boquiabiertos y que salta a la vista, es el culto a la personalidad de los monarcas cuyas fotos están en cada rincón, avenida o negocio, y por otro lado, el monopolio de los 7- eleven, la franquicia que se ha apoderado de todo el país.

Otro atractivo de la ciudad es el mercado flotante y los parques de elefantes. El mercado flotante es más bien una reminiscencia de lo que era Tailandia en épocas pasadas, cuando la gente salía con sus botes a remo y comercializaba sus productos en los canales.

Hoy el mercado flotante es más bien un espectáculo turístico y para ver esa Tailandia agrícola y auténtica hay que ir a los campos, muy cerca de donde estamos en este momento. Uhh…casi me olvidaba de los famosos Thai masajes. En cualquier esquina de cualquier barrio hay salones de masajes y en los lugares más frecuentados colocan sillones en las aceras y ofrecen masajes de pie. Los masajes cuestan 5 dólares la hora, baratísimo al igual que la comida y casi todas las cosas por acá.

El Thai masaje consiste en la presión y el estiramiento de los músculos. La presión se hace con los dedos, los codos y la rodilla y los estiramientos siguen la línea energética del cuerpo desde los pies hasta la cabeza. !Es maravilloso!

Claro que está también el Thai masaje completo o como suelen llamarle el Full massage, pero esos más que relajantes son cachondos. Empiezan con las manos, siguen la línea energética con la boca y terminan con los labios inferiores, y como se podrán imaginar este “Full massage” juega su papel, de lo contrario no se explicarían los 8 millones de europeos que viene al año, pues vamos a ver… si Buda va a dormir a la 5.00 pm que es cuando cierran los templos, que otra diversión queda en Bangkok? ¡Se los digo yo!  Un paseíto por el barrio canalla, el famoso Pat pong.

El Pat pong en el día y a simple vista parece una calle normal, hay tiendas, oficinas y salones de masajes. Pero cuando cae la noche, se convierte en el paraíso del sexo sin limitaciones a pie de calle, y lo mismo se puede asistir a un ping pong show (un espectáculo que pone en evidencia las “utilidades” desconocidas de la vagina y del sexo) que escoger como si fuera un catálogo, a cualquiera de la diosas Thais que a esa hora están dispuestas a ofrecer el mejor Full massage a precio de promoción.

Ya sé que puede parecer contradictorio (al principio lo fue para mí) el hecho que una sociedad tan reacia al contacto físico en público sea al mismo tiempo tan tolerante y liberal hacia el sexo y la homosexualidad (tal vez eso tenga que ver con el budismo, que en ese aspecto no es tan amoral como el catolicismo). Las Thais tienen la fortuna de ser bastante guapas y eso unido a la cortesía las ha convertido en las mujeres más cotizadas de Asia y en uno de los países de preferencia para los europeos. En general, tanto las que ejercen el viejo oficio (que es una pequeña minoría) como la que no, son muy divertidas. Yo me desternillo de risa cuando las escucho decir “ massage” de la misma manera que pronuncian “tomollo” en lugar de tomorrow o “solly” en lugar de sorry.

Espero tener internet en los próximos días para contarles nuestras aventuras por el norte de país y nuestro encuentro con las Karen, la tribu de mujeres de cuello largo.

Les dejo las fotos de los templos y de los personajes que conocimos por aquí.

Un besote,

Niu

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