A bientôt París!

Hoy es nuestra última noche en la ciudad luz y aunque sé que después de cerrarse está página se abrirán nuevas con emocionantes aventura, siento nostalgia. Sentada aquí, en el silencio de la noche, iluminada por la luz del Sacré Coeur,  dejo escapar un suspiro y miro a mi alrededor como si quisiera abrazar la ciudad de golpe. Mis ojos se han convertido en lentes fotográficos y aguzados como como los ojos de un águila retratan los detalle del ambiente con la cándida ilusión que permanezcan inalterados  y en el vano afán de traducirlo en  palabras. Y me doy cuenta que hay emociones difícil de describir,  pero que al fin,  son esas sensaciones intangibles las que perduran aun cuando el tiempo pasa y empezamos a percibir lagunas en la memoria. El tiempo. Ya no podemos girar la clepsidra, mañana a estas hora estaremos en Alemania, adios Paris, a´ bientôt!

Hoy en el metro camino a casa, me quedé absorta escuchando la melodía de un vals musette que interpretaba un trovador callejero y me quede distraída observando minuciosamente las expresiones de los pasajeros. De frente a mí, estaba un treintañero, un joven blanco con lentes transparentes, de nariz respingada y con el cutis lleno de rojeces. Apenas se sentó se puso los audífonos y nos despegó los ojos del celular, le estaba escribiendo a alguien y al parecer era a una chica,  porque sonreía con cara de niño tarado. Me preguntaba si se comunicaba con su novia o con una chica que acababa de conocer en el Americancupid,  aposté por lo segundo. A su lado estaba parado un señor negro que leía ensimismado el periódico y no levantó la cabeza hasta que se bajó en su estación. Con nosotros subió un joven mal vestido y con un ojo amoratado, habría jurado que el motivo de ese foco fundido era causa de estupefacientes y mal rollo. Le eché una ojeada rápida, pero no lo volví a mirar durante el viaje, me dio mala espina. Miguel estaba en una esquina cerca de la salida, moviendo los hombros al compas de música y yo estaba tan abstraída que por un momento empecé a examinarlo como si fuera un desconocido. Volví en mi cuando empezó a hacerme  muecas con los ojos (esos ademanes que odio profundamente pero que suelen ser muy persuasivos) Al  lado mío estaba una señora que sutilmente se ajustaba la blusa y se miraba los senos. Y yo atraída por una extraña curiosidad y cautivada por la melodía trataba de descubrir cómo eran sus vidas.

La música se detuvo, una chica pasó a recoger las monedas y Miguel le echó unos centavos en la canasta.
Al final del vagón se sintieron gritos. La niña con la canasta corrió y se apegó a una señora y un tipo que estaba ebrio empezó a vociferar. La niña y la señora abandonaron el vagón pero el borracho furioso continuo gritando hasta que el tren se puso en marcha. La señora a mi lado se exaltó y dijo algo ofendida, pero los pasajeros se quedaron el silencio. Luego volteó levemente la cabeza y me miró esperando que yo asintiera, pero yo no había entendido ni ocho, le dije a duras penas, “je ne comprend pas” y creo que se sintió frustrada. Miró nuevamente hacia al frente, se acomodó los senos, tomó su bolsa y se desmontó en la estación Gare du Nord, dos estaciones antes de la nuestra. No pude entender que dijo el borracho ni porque agredió a la chica. La madre era quien tocaba el acordeón. Yo también descendí del metro frustrada e invadida de una inconsciente curiosidad tal vez provocada por la añoranza.

Hasta la lluvia en París es deliciosa. Esa noche llegamos mojados y sin poder llevar a cabo las tomas de la torre Eiffel iluminada, aunque en el fondo no me importaba y quería ahorrar ganas para hacer las maletas, organizar el itinerario y continuar. Seguir adelante sin mirar atrás es la Conditio sine qua non de un buen viajero.

A pesar que me sentía triste, estaba satisfecha. En los 10 días que duró nuestra estancia había re-descubierto una ciudad fascinante lejos de los destinos turísticos (Eiffel, Notre Dame y del gigantesco centro de rascacielos) distante del gentío y de las  hostiles luces del flash; de las cafeterías abarrotadas de turistas y de los bares que sirven la cerveza de barril exprés y el cappuccino aguado. Caminando por la orilla del Sena experimenté un poco más de cerca la vida real parisina, allí donde se sientan los  grupos de jóvenes a charlar o a tocar sus instrumentos; donde las familias francesas hacen un picnic y beben vino o donde los más románticos se escurren en la penumbra de los pilares del puente y son desvelados por las luces de los barcos. En los bares de barrio,  bebiendo cerveza con la gente e intercambiando dos o tres frases en francés,  capté la esencia del cotidiano e incluso en la vorágine del metro respiré un aire diferente -también olores fulminantes- y pude apreciar la vida parisina en plena acción.

Solo lamento que nuestra estancia haya sido tan corta, porque me quedaron muchas cosas por hacer… pero vale pena recorrer París aunque sea por un día, es una ciudad encantadora.

Un besote,
Niu

 

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C’est la Vie

De Paris

Hace una semana que llegamos a Paris y estoy fascinada! Recorrer la ciudad es como viajar en el tiempo, cada esquina es un pedazo de historia, cada barrio parece resurgir de una historieta de esas que nos hemos deleitado escuchando una y otra vez. Paris es sin duda una ciudad que te hace suspirar, donde puedes dejar las suelas de los zapatos y donde se hace casi imprescindible reposar el cuello en un minerva después de un largo paseo, porque se mira casi siempre hacia arriba.

Estamos hospedados en un precioso apartamento en el barrio Montmartre(Monte del Mártir, en homenaje a Saint Denis). El distrito está ubicado en una colina a 130 metros de altura y situada en la orilla derecha del Sena. La zona es conocida por la cúpula blanca de la Basílica del Sacré Coeur(sagrado corazón) construida en la cumbre. El barrio fue cuna de los impresionista y de la bohemia parisina del XIX y se convirtió en uno de los principales centros artísticos de Paris.

De Montmartre_Paris
Desde nuestra llegada, cada mañana salgo a la terraza a tomar el café y a inhalar una bocanada de malboro y me quedo extasiada observando los techos de la ciudad que se extienden delante de mi. Algo curioso en los techos, son las chimeneas de barro que se pierden en el horizonte gris y nebuloso.

De Paris

 Sí, en Paris el verano es un poco extraño, los días son nublados y llueve a menudo.

De Paris

Desde arriba veo las torres y la imponente cúpula del Sacré Coeur, pero abajo en las calles pulula el mundo real y veo a los parisinos moverse como hormigas de un lado a otro.

De Paris

 Parisinos o africanos..?

De Paris

Montmartre mantiene vivo el recuerdo de lo que fue hace un siglo, un centro de talleres artísticos y refugio de los pintores, un barrio de bares bohemios y restaurantes, sólo que ahora se ha convertido en un centro homogéneo y el lugar de encontrar un pintor al Plein air, salta a la vista la expresión de la urbe: el grafitti.

De Montmartre_Paris

La mezcla de etnias de algún modo enriquece el entorno y hace más entretenida la estancia.

De Paris

Al menos cuando hemos tenido que preguntar como llegar a un sitio, nos ha ido mejor preguntarles a los senegaleses-parisinos, que abordar a un francés. No me gustaría repetir el cliché, de que los franceses son pesados o arrogantes,  pero he notado que  la gran mayoría es monolingüe y rayan en la descortesía dándote la espalda, cuando le preguntas algo y no entienden. Pienso que están demasiado concentrados en sí mismos.

De Paris

 Pero, atentos amigos! Mirad hacia arriba sin perder un detalle de la opulencia arquitectónica, pero cuidado con los bolsillo, porque te sacan hasta los cigarrillos. En menos de una semana nos han carteriado dos veces. La primera vez, uno de los pasajeros detuvo al ratero. Al principio no entendimos que pasaba, y sólo nos dimos cuenta que algo andaba mal, cuando todos empezaron a hablar y a mirarnos y nosotros ajenos, con la típica sonrisa del turista tonto que se sonríe sin saber que está pasando. La segunda vez pillamos a una parejita de iniciados que intentaban pasarse de listos. Nada grave, sólo que no hay que descuidarse en el metro y mucho menos idiotizarse con las estatuas, cosa que es bastante difícil.

De Paris

El metro es un caos aunque muy funcional. En la entrada los revendedores vende ticket, frutas, ropa, cigarillos y todo lo inimaginable y dentro no hay control ni inspectores, ergo, muchos no pagan el pasaje y cuando uno lo paga y se cuelan 5. Todavía no hemos aplicado las mañas parisinas, aunque es tentador considerando que la ciudad es tan cara. Pero, ya saben, venimos de México a dar el ejemplo. Caminando se conoce mejor la ciudad y andamos arriba y abajo y hay días que caminamos hasta 15 km. Ya hemos recorridos los barrios más importantes y los destinos obligatorios, aquí les dejo las fotos, espero que las disfruten.
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