Busan: All you can eat

Sí, ya sé que ha pasado mucho tiempo y tardé mucho en actualizar la estancia en Busan y el periplo hacia México, y me disculpo por ello porque sé que han sido fieles seguidores de mis aventuras, pero créame no fue por dejadez. Cuando uno repasa punto por punto todo lo vivido durante un viaje tan largo, hay tantas historias, sorpresas, emociones y contratiempos, que pasan veloces sin que uno llegue a asimilar todo lo que le está pasando, prácticamente hasta que todo ha terminado. Y eso fue lo que me sucedió con Busan, la ciudad donde nos despedimos de nuestra vuelta por el mundo.

 

Al final los obstáculos y las preparaciones quedan en meras anécdotas. Como ya saben, por la cumbre del G20 nos desviarnos dos veces de la ruta y terminamos refugiándonos en Filipinas y ese placentero exilio incrementó sobremanera los costos, ya que de Filipinas tuvimos que regresar a Beijing para recoger la visa coreana y de ahí conectar a Corea.

Al poner un pie en Seúl se presentó el primer tópico surcoreano: El alto nivel de vida y precios elevados. Para empezar, “dar pie con bola” con un hotel de buena categoría que iguale en precio los hoteles en el Occidente o América es casi imposible y para un viajero los costos de hotel, comida y lujos consumistas-sino lleva claro cuál es su prioridad- pueden ser prácticamente inalcanzables. En Seúl descubrimos que los moteles por horas eran la opción más económica. Al llegar a Busan, pernoctamos en un hotel cercano a la estación de trenes y al día siguiente recorrimos el centro y encontramos varios moteles “Cuchi cuchi“( así le llamábamos) con amplias suites, Internet, yacussi y excelente ubicación. Debo señalar que en cuanto servicio, espacio y ubicación, los moteles coreano de esta categoría superan con creces los “Cuchi cuchi” que conocemos que, por lo general son cutres, aislados y de poco prestigio. Optamos por el “Motel Aroma” ubicado a un par de cuadras del centro y con una vista envidiable al puerto.

No se imaginan qué lejos parecen hoy los recorridos por el puerto; la algarabía de las ajummas en el mercado Chalgalchi; las interesantes excursiones por los templos; las luces centelleantes y los festejos pre navideños. Aquellas caminatas por las callejuelas empedradas y los extensos schopping subterráneos; las visitas a las casas de té y las provechosas charlas con los expertos que, más de una vez  nos invitaron a participar en la ceremonia y degustar de los té más excelsos. Sabores tan raros e indeleble que hicieron extraordinaria la experiencia en Busan.

Busan o comúnmente conocida como Pusan, es la segunda ciudad más poblada de Corea y su puerto, uno de los más importantes internacionalmente y con el mayor número de intercambio en el mundo. Y por supuesto, la pesca es una actividad de vital importancia. El mercado Chalgalchi es una de las áreas más concurridas. Se comercia pescado, mariscos, moluscos y  rarezas marinas de todos tamaños, formas y colores…

Ajummas es el término para referirse a la mujer que tiene hijos y que pasa de los 40 años. En el Chalgalchi ellas son las reinas. Regentan los restaurantes y el comercio de pescado. Son intrépidas, fuertes y corajudas. Es asombroso verlas enguantadas y con su enormes viseras batallando con un pulpo de 5 kilos; destripando una anguila; descamando y cortando el pescado o cocinando. Lo curioso es, que a los hombres, no se les ve el pelo. 

La comida coreana es deliciosa y peculiar. El plato fuerte siempre va acompañado de arroz y del famoso kimchi, cuyos ingredientes básicos son el chile rojo, ajo y cebolla fermentado con la col, el rábano o el pepino. El sabor es indistinguible y muy gustoso, tiende a ser salado y picante. Una mesa servida es un agasajo para el paladar y un colirio para los ojos.

Se come por el gusto y comer es todo un ritual. Desde la preparación, los aromas y el cuidado que ponen en cada uno de los ingredientes que componen el plato, convierten el momento del guiso en una auténtica ceremonia que culmina con el rito de la degustación. El sabor de los alimentos y la gracia en el arreglo de las vajillas permite alcanzar una placentera experiencia para los sentidos. Hay calles enteras que se especializan en la carnes, el cerdo, el pollo, etc…y al caminar uno se siente atraído por los olores y tentado por la curiosidad.

Los coreanos son muy celosos de su comida y sus tradiciones. En algunos restaurantes, las empleadas  nos explicaban cómo debíamos combinar los guisados con la carne o cómo preparar el burrito con las hojas de lechuga. A veces nos observaban de reojo para comprobar si nos desenvolvíamos bien con los palitos y el resto de las vajillas que teníamos delante. Una vez se me ocurrió mezclar el arroz con la carne y la dueña se me acercó y como no pudo explicarse en inglés, tomó un par de palitos, preparó el burrito y me lo embutió en la boca tan rápido que no tuve tiempo de pestañear. La segunda semana, había logrado acostumbrarme a los palitos coreanos-que son metálicos y delgados, muy distintos a los chinos- y ya estábamos bastante familiarizados con la comida y las combinaciones que varían en dependencia del plato principal, pero a veces prefería mezclarlos a mi manera y para ello tenía que vigilar que las empleadas o la dueña no me tuvieran en la mira, porque sabía que me tocaría otro “bocado violento”. 

No cabe duda que a través de la comida y los buenos modales se puede observar cuán sagrado o extraordinaria es una sociedad en su cultura. La diferencia entre coreanos y chinos es como el día y la noche, pero lo primero que salta a la vista es que  mastican con la boca cerrada. ¡Dios, era como estar en el paraíso! El manual de las buenas maneras es extenso, pero no vale la pena mencionarlo, ya que sus comportamientos en la mesa no son muy distintos a los nuestros. Solo me resta aclararles que  sus costumbres nada tienen que ver con: De glan calidad, bueno y balato!

Teníamos una vaga noción del té, el proceso de elaboración y fermentación, sin embargo, con las continúas visitas a las boutiques entramos en conocimiento de los varios té goumert con 20 años o más de fermentación; aprendimos sobre la importancia de las teteras y los materiales con las cuales son elaboradas, ya que hay muchos aspectos a considerar a la hora de eligir cual es la tetera adecuada para cada tipo de té. En más de una ocasión participamos en las ceremonias, donde los gestos y la postura son esenciales y no se deben pasar por alto. Por el año fin año,decidimos regalarnos una tetera de la mejor porcelana, dos tazas y una barra de té con 20 años de fermentación.   

 

No menos interesantes fueron las visitas a los templos budistas, pero no se asusten por el súastica!!!! En el occidente suele asociarse de inmediato con el fascismo, pero en el budismos se tiene como un símbolo sagrado y de buen auspicio. En la entradas de los templos, negocios, casas o restaurantes puede significar: Buenas suerte, Éxito, Bienvenida, Salud o Amor.

El 31 de diciembre estábamos sentado en la recepción esperando que el agente, que se encargaría del trámite en el puerto nos pasara a recoger. El barco zarpaba esa misma noche y estábamos ansiosos. Era el fin de nuestro viaje, pero no de nuestras aventuras… y se preguntarán: ¿Qué se siente al navegar tres semanas en un barco carguero atravesando el gélido Pacifico? Pues ese episodio, se lo contaré en la próxima entrada.

Les dejo las fotos, espero que las disfruten!

Niu

https://picasaweb.google.com/s/c/bin/slideshow.swf

Seúl sinónimo de Modernidad

Mientras los 20 poderosos se daban cita en Seúl para abordar la situación en los cambios climáticos, la crisis financiera y abocar una salida al eminente desastre en la economía mundial, nosotros seguíamos en lista de espera…desgraciadamente, mientras Obama permaneciera en Corea no podíamos entrar.

Quién me iba decir, que después de tantos tropiezos, terminada la Cumbre del G20 estaríamos pisando la alfombra roja; andaríamos de un lado a otro, de un mercado a un museo, de un templo a un restaurante con una sonrisa de oreja a oreja. Quién me iba decir, que conocería una de las más modernas y sofisticadas ciudades asiáticas, que me quedaría fascinada con los sabores; la arquitectura, las tradiciones y la amabilidad de la gente. La palabra que mejor define mi primera impresión de Seúl es impactante.

Seúl, al igual que otros países que sufrieron los desmanes de la guerra fue destruida y reconstruida. Hoy esta gigantesca ciudad que alberga más de 10 millones de habitantes es dominada por rascacielos y multicarreteras, se destaca por sus extensas redes de transporte de alta tecnología que la han convertido en todo un ejemplo de modernidad.

Nos impresionó la limpieza en las calles, el estado de los templos antiguos y los jardines; la combinación de lo antiguo y lo moderno y la manera en la que preservan sus tradiciones. Nos dejaron boquiabiertos los precios, aunque no menos, el alto nivel de vida. Aun así es difícil ver un vagabundo en las calles, sentirse inseguro o recibir un maltrato. El norcoreano, por general es amable y aun en una ciudad tan grande, ajetreada y competitiva la gente está siempre dispuesta a ayudar. 

La breve parada en Seúl fue estupenda. Visitamos el imponente Gyeongbokgung

y el Museo Nacional.

 

Recorrimos el mercado de Dongdaemun abierto las 24 horas;

nos dimos una vuelta por la popular zona comercial de Itaewon y su entretenida vida nocturna y para finalizar la pujante zona financiera de Yeouido, con el edificio KLI (63 pisos) y las Torres Gemelas LG, también sede de la Bolsa de Comercio.
Tres días muy fríos pero intensos, luego nos trasladamos a la ciudad de Busan y desde allí con la ayuda de Zeus y los vientos a nuestros favor tomaríamos el barco que nos devolvería a casa.
Un quiero,