Beauty & The Beast

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Hoy hace un mes que inicio nuestra moto aventura y hay mucho camino transitado, muchísima aventura y un montón de historias. A la fecha hemos recorrido 4000 mil kilómetros y tal parece que hace un siglo que salí de casa. Viviendo cada día una aventura tras otra, tengo la sensación que las horas se deslizan con rapidez y que el tiempo vuela. No sé por qué cuanto más intensos los momentos, más etéreos, intangibles e inaferrables. Perduran en la memoria las impresiones, mientras las anécdotas se amontonan en el tintero esperando la oportunidad de ser rescatadas, de cobrar vida, voz, forma y color.

Zacatecas, del náhuatl «donde abunda el zacate», es una de las ciudades que tengo gravada a fuego en mi memoria, que goza de una belleza singular, digna de ser admirada, alabada y fotografiada. Sin duda merecedora del reconocimiento otorgado por la UNESCO de Patrimonio de la Humanidad. Caminar por sus calles es quedarse sin aliento: imposible no extasiarse ante tanta riqueza arquitectónica o permanecer indiferente a las subidas, a sus 2 400 metros sobre el nivel del mar.

La ciudad es un laberinto de sorpresas. Calles ondulantes, angostas escaleras que callejonean hacia arriba y hacia abajo, pocas líneas rectas, trayectos que se cortan abruptamente en la fachada de un templo barroco del siglo XVI, o una mansión señorial del siglo XVII, construcciones imponentes y majestuosas difíciles de apreciar en perspectiva debido a la estrechez de sus callejones. Sus calles revelan pedazos de esa historia de colonización y conquista, minería y prosperidad, rebelión y sangre. Se revive parte de esa historia palpitante a través del arte de sus museos y sus tradiciones. Sus pletóricas fachadas no son más que la transfiguración de la plata convertida en una bella y sublime arquitectura que te llevan de la mano de una época a otra.
Luego están esos pasadizos, esa escaleras estrechas y empinadas hacia los cerros con una asombrosa vista a la cúpula de la basílica que domina todo el panorama. Los callejones de Zacatecas son un verdadero atractivo ya que sus orientaciones son irregulares y algunos desembocan en pintorescas plazuelas. Lo distintivo del paisaje urbano son las alfardas de cantera y las jambas en las puertas que enmarcan un estilo propio; las jardineras con sus arriates de cantera rosa y blanca; la herrería y la decoración vegetal que le dan un toque especial y nos remonta a los tiempos de la colonia.
Iluminada en la noche es aún más bella. Bajo la luz tenue y difusa resaltan las arcadas neoclásicas, las galerías columnadas, se acentúa la luminiscencia de los vitrales que descansan sobre los dinteles.
 Es increíble imaginar tanta belleza en un solo lugar e ignorar la otra cara, temible y velada, » la bestia» que celosa ruge en su interior. Todo cambia en la noche. Entre los transeúntes deambulan policías uniformados y encubiertos. En el tráfico circula una patrulla por cada diez coches, pocos se atreven a viajar por las carreteras secundarías o salirse de la autopista, pues no todo lo que brilla es oro, mismo motivo que nos empujó a cambiar nuestra ruta y continuar el viaje por el centro del país. No es un secreto que Zacatecas es uno de los estados, con mayor pobreza, analfabetismo, emigración e inseguridad agravada, sobre todo, por la violencia del narcotráfico. Cabe señalar que no nos sentimos amenazado ni inseguros pero son realidades que viajando por el estado hay que ignorar. Punto y aparte, !bien vale la pena! La ciudad tiene mucho que ofrecer, además de sus museos,  sus tradiciones y su exuberante arquitectura, la experiencia culinaria es excelente. Sin lugar a duda, es una de la ciudades mas bellas del país, una verdadera joya.

 

Un besote inmenso!!

Niu

 P.S Próximamente San Luis Potosí, Querétaro y Pachuca y la divertida y embrujada estancia en Catemaco.

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